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28.11.25

Louis Ferdinand Celine



Con las palabras todas las precauciones son pocas; parecen mosquitas muertas, las palabras, no parecen peligros, desde luego, vientecillos más bien, ruiditos vocales, ni chicha ni limonada, y fáciles de recoger, en cuanto llegan a través del oído, por el enorme hastío, gris y difuso, del cerebro. No desconfiamos de las palabras y llega la desgracia. 

Viaje al fin de la noche

1932 

2.10.22

El sofista Gorgias



La palabra es un poderoso soberano; con un cuerpo pequeñísimo y del todo invisible, ejecuta las obras más divinas: quitar el miedo, desvanecer el dolor, infundir alegría y aumentar la compasión. El eco de estas ideas griegas que el sofista Gorgias escribió en el siglo V a.C. resuena en la que me parece una de las frases más bellas del evangelio: una palabra tuya bastará para sanarme.

— VALLEJO, Irene, El infinito en un junco.

27.2.22

Plegarias


 Tus plegarias serán en vano si tu lengua habla pestes de otras personas.

10.7.19

La sabiduría del silencio



Habla simplemente cuando sea necesario. 

Piensa lo que vas a decir, antes de abrir la boca. 

Se breve y preciso, ya que cada vez que dejes salir una palabra, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi (energía). 

De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.




Nunca hagas promesas que no puedas cumplir. 

No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas, porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.




Si no tienes nada bueno, verdadero y útil que decir, es mejor quedarse callado y no decir nada. 

Aprende a ser como un espejo. 

Escucha y refleja la energía. 



El Universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el Universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones, y nos envía de vuelta el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se representan en nuestra vida.

9.5.19

Una palabra aviesa


No digas nunca una palabra aviesa a un visitante; la palabra que dejaste caer un día, mientras hablabas, puede derribar tu casa.

5.9.13

El poder hipnótico de las palabras


En cierta ocasión, hablando el Maestro del poder hipnótico de las palabras, alguien gritó desde el fondo de la sala:

«¡No dices más que tonterías! Si yo digo 'Dios, Dios, Dios', ¿acaso ello me hace divino? y si digo 'pecado, pecado, pecado', ¿acaso ello me hace malo?»

«¡Siéntate, bastardo!», dijo el Maestro.

El tipo se puso tan furioso que no podía articular palabra. Finalmente, estalló en improperios contra el Maestro.

Éste, aparentando arrepentimiento, le dijo:

«Perdóneme, señor, por perder la calma. Le suplico que excuse mi imperdonable error».

El otro se calmó inmediatamente, y entonces le dijo el Maestro:

«Ya tiene usted su respuesta: ha bastado una palabra para encolerizarlo, y otra para tranquilizarlo».