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13.5.21

Fabiola y Alberto

La difamación había fallado. Alberto era un paladín de la honestidad. Su triunfo costó caro: Su fiel Dylan Dog había muerto por él, salvándole de la emboscada del libertario Conan Can Canaan, el leal esbirro del maléfico Javier Milei.

Argentina había vuelto a la democracia. El facismo había llegado a su fin.

Alberto despertó el ultrainstinto y sometió a sus oponentes con su guitarra de poder.

Vandalizó la estatua de Gaturro, la estatua donde Gaturro parece propasarse de forma violonchela con la escultura de Juana Azurduy. Alberto le metió uno de sus bastones presidenciales de Pallarols en el orto a la estatua del querido Nick.

Alberto había vuelto.

Y esta vez, para siempre.

-

"All the angels in heaven are sodomizing each other", musitó Fabiola, mientras estudiaba inglés con el programa televisivo de Charlie López meets Dora the explorer.

"¿Qué te hacés la gringa, yegua?" exclamó Alberto y le dio un regio sopapo que la tiró de la silla al suelo.

Fabiola empezó a llorar. Alberto se desvistió. Estaba más viejo y mustio. Más fláccido. Pero su erección empoderada con Sildenafil Viagra extra azul se arrimó a la boca dolorida. "Chupá, puta, chupá la verga presidencial" exhaló el lujurioso ancestral. El hedor era hipnótico. Alberto untaba sus partes con un ungüento pergeñado por los nigromantes anima-zombies. Fabiola no tenía opción. Debía obedecer al Presidente de los argentinos, argentinas, argentines y argentrannies.

-

"Nada es para siempre" cantaba Fabiola. Fabiola cantaba Fabiana. La hermosa canción de Fabiana Cantilo sonaba bien en la media-voz sensual de la golpeada Fabiola. Alberto había estado como loco esa noche. Tomaba cerveza Oslava y whisky Criadores mientras usaba el bastón presidencial para someter a su ya sometida hembra. Fabiola se había divorciado. Sobre Fernández pesaba una restricción perimetral. Pero nuevamente ungido con el manto presidencial, él podía atravesar todas las leyes como un gran insecto atraviesa las redes de araña confeccionadas para atrapar pequeños insectos débiles.


Fabiola quería resistir. A cada rato Alberto le parecía más viejo y desagradable. Ahora estaba en sus oscuros aposentos. Ocupado con los pergaminos hebraícos de Milei, donde residían secretos clonatorios y resurrectores de canes y quizá de humanos.

"Nada es para siempre / nada es para siempre / no me digas que no / que te falta valor / porque nada es para siempre..." cantó Fabiola.

Y se largó a llorar.

Alberto era para siempre. Ya tenía miles de años antes de que ella naciera y de seguro ella moriría y él seguiría existiendo en un mundo de microplástico, fake-news e inflación interminable.

Por los siglos de los siglos.

"Espero que no me reviva", pensó y empezó a temblar, aunque no tanto como para no poder servirse agua y tomarse un clonazepam.

Mareada, se envolvió con su gruesa manta de Garfield y se derrumbó en la cama destendida.

23.7.19

El señor Ye amaba los dragones


Al señor Ye le gustaban tanto los dragones que los tenía pintados o tallados por toda la casa. Cuando se enteró el verdadero dragón de los cielos, voló a la tierra y metió su cabeza por la puerta de la casa del señor Ye y su cola por una de las ventanas. Cuando el señor Ye lo vio, huyó asustado, casi se volvió loco.

Esto demuestra que el señor Ye, en realidad, no amaba tanto a los dragones. Sólo le gustaba aquello que se le parecía, pero en ningún caso el auténtico dragón.


Shen Zi


22.7.19

El vendedor de lanzas y escudos


En el Reino de Chu vivía un hombre que vendía lanzas y escudos.

-Mis escudos son tan sólidos -se jactaba-, que nada puede traspasarlos. Mis lanzas son tan agudas que nada hay que no puedan penetrar.

-¿Qué pasa si una de sus lanzas choca con uno de sus escudos? -preguntó alguien.

El hombre no replicó.


Han Fei Zi

3.9.18

Mantener el cuerpo sano



 Cierta vez le preguntaron:

 -¿Goha? ¿Qué hay que hacer para mantener el cuerpo sano y nunca caer enfermo?

 -Hay que tener en cuenta cuatro fundamentos esenciales: Tener los pies calientes, la cabeza fría, cuidarse en la alimentación y, sobre todo, nunca pensar demasiado.

3.11.17

Pescado



Chuang Tzu y Houei Tzu conversaban mientras atravesaban un puente sobre el río Hao.

Chuang Tzu, dijo:

“Mira como las carpas nadan a su antojo, ésta es la alegría de los peces”

Houei Tzu, le respondió:

“Si no eres un pez, ¿Cómo sabes en qué consiste la alegría de los peces?”

A lo que Chuang Tzu respondió:

“Si tú no eres yo, ¿Cómo sabes que yo no sé en qué consiste la alegría de los peces?”

2.5.17

Sam Shepard - Convulsión


Si pudiera verme ahora, seguro que se enamoraría de mí, me apuesto lo que sea. Me apuesto lo que sea a que sí. ¿Cómo podría no hacerlo? Miradme. Miradme ahora. Como estoy. Si pudiera verme así: esperándola, horas antes, mucho antes de que llegue, buscando cualquier señal o sonido suyo. Vería lo entusiasta que soy. Vería la desesperación en mi pecho. Si pudiera verme ahora, desde la distancia, sin que yo supiera que me está mirando, me vería tal y como soy. ¿Cómo podría no sentir algo por mí, entonces? Algo, o quizá no. Quizá eso es..., o sea, a lo mejor las actitudes como ésta provocan repulsión. No sé exactamente cómo funciona pero..., a lo mejor nace un sentimiento de revulsión cuando alguien es demasiado entusiasta..., demasiado disponible, demasiado dependiente. No lo sé. Alguna convulsión. No. No, eso no. No es eso. Ni siquiera es una palabra, ¿no? Convulsionar. Si pudiera recordar aquella vez, ¿cuándo fue...? Aquella vez en Knoxville cuando estábamos besándonos en el tren, aquel beso largo, largo que nos dimos, despidiéndonos, y de repente el tren empezó a moverse, pero yo no tenía que acompañarla, o sea, ésa era la razón por la que nos estábamos despidiendo, porque pensábamos que no nos veríamos durante mucho, mucho tiempo y estábamos concentrados en ese largo..., sólo besándonos y besándonos y no había manera de bajarme. Árboles y casas desaparecían a toda velocidad. Al final me dejaron en la estación siguiente, que estaba a muchas millas de distancia, y allí estaba yo, esperando durante horas el próximo tren de vuelta, o sea, si me hubiese visto entonces, de pie allí, esperando, seguro, seguro que me querría. O sea, cómo podría no tener algún..., no sé. Ya no sé qué es lo que hace que las cosas pasen, esa conexión. Si es que alguna vez la hubo.

24.8.16

Víctor Hugo Viscarra - Cadáveres y cía.



Ayer, por ejemplo (creo que al mediodía) trajeron los restos de una cholita de unos veintitantos años de edad a la que habían sacado del fondo de un barranco, lugar al que habría ido a parar presumiblemente por problemas sentimentales. Si bien no la encontraron en posición decúbito dorsal, estaba hecha mierda, porque, durante la caída, su cuerpo había chocado repetidas veces contra las salientes del barranco, que, al llegar al fondo, de la cholita no quedaba casi nada.

Toda ella era una miseria; pero, antes de que llegue el forense de turno para realizar un examen parcial de lo que quedaba del cadáver, con un alicate le saqué el engaste de oro de su dentadura, y —ojo clínico—, calculé que de allí se podía obtener tranquilamente unos ciento cincuenta dólares.

Con el tiempo uno llega a encariñarse con los muertitos porque —aparte de sus familiares y conocidos— nadie más se acuerda de ellos; muchas veces he sentido algo semejante a la tristeza cuando nadie viene a reclamar por uno de ellos. Se siente como si el corazón se nos rompiese en pedacitos, pues están abandonados y no tienen ni siquiera un perrito que les aúlle, a manera de despedirlos, cuando sus almas ya han abandonado para siempre este perro mundo.

5.3.16

Ilusión


El maestro llevaba muchos años predicando que la vida no era más que una ilusión. Cuando murió su hijo rompió a llorar. Sus discípulos se le acercaron y le dijeron:

—Maestro, ¿cómo puede llorar tanto si nos ha explicado que todas las cosas de esta vida son una ilusión?


—Sí —respondió el sabio enjugándose las lágrimas que resbalaban por sus mejillas— ¡Él era una ilusión tan hermosa!

13.3.15

La cuerda de colgar ropa

 El vecino de Nasrudín le pidió prestada su cuerda de colgar ropa.

 —Lo lamento —dijo Nasrudín. La estoy usando. Estoy secando harina.

 —¿Cómo diablos puedes secar harina en una cuerda de colgar ropa? —inquirió el vecino.

 —Es menos difícil de lo que imaginas cuando no la quieres prestar —replicó Nasrudin.

9.10.14

Si me hiero, la hiero

Parvati.

Parvati es una de las diosas más misericordiosas del panteón hindú.

Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas.

De regreso a casa,  al aproximarse al rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.

—Madre —dijo Kartikeya—, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?

—Se trata de un arañazo hecho con tus uñas.

—Pero, madre —se apresuró a decir el joven—, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo.

—Hijo mío —dijo—, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?

—Así fue, madre —repuso Kartikeya.

—Pues, hijo mío, al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.

1.9.14

Cuando un hombre feísimo

Cuando un hombre feísimo se convierte en padre, y le nace un hijo, en medio de la noche tiembla y enciende una lámpara, y corre angustiado a ver en la cara del bebé a quién se parece.

9.5.14

Cualquier bondi lo deja bien

Un anciano sabio se paseaba con tres de sus discípulos en el jardín de su pueblo.

Viendo un limaco que devora una lechuga, el primer discípulo lo aplasta con el pie.

El segundo dice entonces:

—Maestro, ¿no es pecado aplastar esta criatura?

El maestro le responde:

—Tienes razón, así es.

—Pero él comía nuestro alimento, ¿no he hecho bien? —reprochó el pisachobis.

El maestro le responde:

—Tienes razón.

El tercero dice:

—Ambos dicen cosas contradictorias, no pueden los dos tener la razón.

Y el maestro le responde:

—Tienes razón.

22.6.13

Doce años después




Era un joven que había decidido seguir la vía de la evolución interior. Acudió a un maestro y le preguntó:

—Guruji, ¿qué instrucción debo seguir para hallar la verdad, para alcanzar la más alta sabiduría?

El maestro le dijo:

—He aquí, jovencito, todo lo que yo puedo decirte: todo es el Ser, la Conciencia Pura. De la misma manera que el agua se convierte en hielo, el Ser adopta todas las formas del universo. No hay nada excepto el Ser. Tú eres el Ser. Reconoce que eres el Ser y habrás alcanzado la verdad, la más alta sabiduría.

El aspirante no se sintió satisfecho. Dijo:

—¿Eso es todo? ¿No puedes decirme algo más?

—Tal es toda mi enseñanza ─aseveró el maestro─. No puedo brindarte otra instrucción.


El joven se sentía muy decepcionado, pues esperaba que el maestro le hubiese facilitado una instrucción secreta y algunas técnicas muy especiales, incluso un misterioso mantra.

Pero como realmente era un buscador genuino, aunque todavía muy ignorante, se dirigió a otro maestro y le pidió instrucción mística. Este segundo maestro dijo:

28.1.13

Usted no lo entiende



Mi amigo había oficiado el funeral de una mujer que había sufrido una larga enfermedad antes de morir. El viudo había llorado desconsoladamente durante toda la ceremonia. Transcurridos unos días, y a petición de la hija, el rabino visitó al viudo. 


─Comprendo tu dolor 
─dijo el rabino que también era viudo─. Sin embargo, debes recordar que siempre estuviste junto a tu esposa mientras duró su enfermedad. Te comportaste como un marido fiel hasta el final. ¿Por qué te sientes tan culpable? ¿Por qué estás tan deprimido? 


─Usted no puede comprenderlo 
─repuso el hombre─. ¡Yo amaba a mi esposa! 



─Lo sé ─dijo el rabino─, pero tu estado de ánimo perjudica tu propia salud, la de tu familia y tu trabajo. Tu esposa no desearía verte tan deprimido... 


─¡Usted no lo entiende! 
─lo interrumpió el hombre, y a continuación volvió a decir: ¡Yo amaba a mi esposa! 

─Sé que amabas a tu esposa, que siempre la amarás y que la echas de menos. Sin embargo, no puedes seguir así ─insistió el rabino.


─¡Usted no lo entiende! 
─repitió el hombre─. ¡Yo amaba a mi esposa! Recuerdo que estuve a punto de decírselo en una ocasión.