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14.9.20

Inaccesible



La perdiste porque eras accesible; siempre estabas a su alcance y tu vida era de rutina. El arte de un cazador es volverse inaccesible -dijo-. En el caso de esa güera, quería decir que tenías que volverte cazador y verla lo menos posible. No como hiciste. Te quedaste con ella día tras día, hasta no dejar otro sentimiento que el fastidio. ¿Verdad?


Ser inaccesible significa tocar lo menos posible el mundo que te rodea. No comes cinco perdices; comes una.

No dañas las plantas sólo por hacer una fosa para barbacoa. No te expones al poder del viento a menos que sea obligatorio. No usas ni exprimes a la gente hasta dejarla en nada, y menos a la gente que amas.

Ponerse fuera del alcance significa que evitas, a propósito, agotarte a ti mismo y a los otros.

Significa que no estás hambriento y desesperado, como el pobre hijo de puta que siente que no volverá a comer y devora toda la comida que puede, ¡todas las cinco perdices!

Un cazador sabe que atraerá caza a sus trampas una y otra vez, así que no se preocupa. Preocuparse es ponerse al alcance, sin quererlo. Y una vez que te preocupas, te agarras a cualquier cosa por desesperación; y una vez que te aferras, forzosamente te agotas o agotas a la cosa o la persona de la que estás agarrado.


Ya te dije que ser inaccesible no significa esconderse ni andar con secretos.

Tampoco significa que no puedas tratar con la gente.

Un cazador usa su mundo lo menos posible y con ternura, sin importar que el mundo sean cosas o plantas, o animales, o personas o poder. Un cazador tiene trato íntimo con su mundo, y sin embargo es inaccesible para ese mismo mundo.


Es inaccesible porque no exprime ni deforma su mundo. Lo toca levemente, se queda cuanto necesita quedarse, y luego se aleja raudo, casi sin dejar señal alguna. 

7.10.19

El fuego interno



Quejándome a medias, le dije que me había hecho sentirme muy mal al negarse a hablarme desde mi llegada a su casa. Me miró y arqueó las cejas. Una sonrisa apareció fugazmente en sus labios y se desvaneció.

-Te estuve aguijoneando tu importancia personal -dijo frunciendo el ceño-. La importancia personal es nuestro mayor enemigo. Piénsalo, aquello que nos debilita es sentirnos ofendidos por los hechos y malhechos de nuestros semejantes. Nuestra importancia personal requiere que pasemos la mayor parte de nuestras vidas ofendidos por alguien.

Mi zozobra me hizo argüir que sus amonestaciones sobre la importancia personal me recordaban a los catecismos. Y si algo era odioso para mí era el recuerdo de los sermones acerca del pecado. Los encontraba yo siniestros.

-Los guerreros combaten la importancia personal como cuestión de estrategia, no como cuestión de fe -repuso-. Tu error es entender lo que digo en términos de moralidad. La impecabilidad no es otra cosa que el uso adecuado de la energía. Todo lo que yo te digo no tiene un ápice de moralidad. He ahorrado energía y eso me hace impecable. Para poder entender esto, tú tienes que haber ahorrado suficiente energía, o no lo entenderás jamás.

-Los guerreros hacen inventarios estratégicos -dijo-. Hacen listas de sus actividades y sus intereses. Luego deciden cuáles de ellos pueden cambiarse para, de ese modo, dar un descanso a su gasto de energía.

Don Juan dijo entonces que en los inventarios estratégicos de los guerreros, la importancia personal figura como la actividad que consume la mayor cantidad de energía, y que por eso se esforzaban por erradicarla.

5.12.12

Castaneda



El brujo yaqui don Juan conversa con el antropólogo:


—Nada tiene importancia —dijo el brujo yaqui.

—Pero, don Juan, si nada tiene importancia, ¿Por qué debo aprender a ver las cosas?

—Sólo después de aprender a ver podrá usted decidir si las cosas son importantes o no. Usted ya es lo bastante adulto como para saber que un hombre de conocimiento vive por sus actos, no por pensar en los actos ni por pensar en lo que va a pensar después de actuar. Un hombre de conocimiento elige el camino del corazón y lo sigue. Después, mira al mundo que lo rodea, se pone contento, ríe. Porque sabe que su vida terminará muy rápido. Sabe, porque ve, que nada es más importante que cualquier otra cosa. Un hombre de conocimiento no es fiel a nada, apenas a la manera en que decidió vivir su vida.




“Así el hombre de conocimiento sabe que todo es una locura, pero entiende que, para continuar en este mundo necesita mantener esa locura bajo control. Entonces se esfuerza, transpira y bufa; cuando se lo mira, parece un hombre común, pero en verdad, tiene su locura controlada. Él sigue en dirección al conocimiento con miedo, con respeto, sabe que está yendo a una guerra.”



—¿Cómo puedo ser un guerrero de ese tipo?

—Actuando en vez de hablar. Usando el poder de su voluntad. La voluntad es una cosa que el hombre usa, por ejemplo, para vencer una batalla que él según todos los cálculos, debía perder. Eso es lo que lo hace vencer cuando ya estaba derrotado.


—Yo llamo a eso coraje.

—No, los hombres de coraje viven rodeados de personas que los admiran, pero muy pocos hombres de coraje tienen voluntad. Porque la voluntad es algo que desafía nuestro buen sentido. Un hombre de voluntad es un hombre de poder.


—¿Puedo decir que soy un hombre de voluntad cuando me niego a hacer ciertas cosas?

—No, negar es una indulgencia. Nos hace creer que estamos haciendo grandes cosas, cuando en verdad estamos apenas fijados en nosotros mismos. La voluntad es un poder; como todo poder necesita ser controlada y afinada. Y eso lleva tiempo.





CASTANEDA, Carlos - Una realidad aparte.


Traducción: Paulo Coelho.